Bucólico cieno que infecto de bichos
de seres que el tiempo implacable azotó,
morada es del asco, es acogedor nicho
fragante de aromas de la corrupción.
La muerte da vida a almas carroñeras.
Se nutren de siembra que no floreció
que pudre y enferma a quienes las cosechan
y que ahora propagan sin fin la infección.
Voraces gusanos que en tupida manta
recubren los restos de res que murió
enferma de peste, agónica, exhausta
se empachan en hórrido y chancro atracón.
El agua estancada que encharca el perdido y
fangoso terreno que el lodo inundó
derrama a sus lados un viscoso cieno
que es mezcla de barro y fecal secreción.
Debajo del suelo de flor y lavanda
que acuna a la vida en total esplendor
se sume en ponzoña, en insectos y arañas
la muerte que toma grisaceo color.
El crudo salmón que adornó la ensalada
por darle más cuerpo e intenso sabor
artífice es ahora de sordas arcadas
que bien se acompasan con un estertor.
Las hondas heridas en la piel no curan
si no se les da sanitaria atención;
y entonces la pus y necrosis supuran
en un festival de escabrosa infección.
Tan pronto el verano al invierno lo alcanza
se impregna al ambiente el bochorno, el calor.
Degrada el estado de la carne magra
que siendo olvidada jamás se comió.
Las carnes turgentes de las chicas bellas
que tersas se exhiben haciendo el amor
acaban al tiempo deformes y tensas
en pálidos cuerpos de eterno rigor.
Alfombras de insectos y pútridas larvas
tapizan el suelo en suntüosa mansión.
Devoran el cuerpo de una noble anciana
que rica y avara allí sola murió.
Colapsan cadaver de ensuciada rata
puñados de insectos en competición
caótica y cáustica… ¡Infértil bonanza!
Festejan banquete en deshinibición.
Decrépitos cuerpos carentes de vida
que yacen en tierras baldías al Sol
ofrecen sus pieles y carnes podridas
a buitres comiendo en voraz compulsión.
Prurito insistente en zonas vaginales
desata constante e incansable escozor
manando del foco viscosos caudales
de líquido espeso de insano color.
Sus labios carnosos de tonos carmines
invitan a un beso con ígnea pasión;
más causan rechazo sus fauces abrirse
librando vapores… ¡Qué ingrata ingestión!
Los restos pasados de dos gatos muertos
que juntos murieron buscando el calor
se pudren por dentro, larvados e infestos,
debajo de un mueble en oscuro rincón.
Estelas trazadas por las cucarachas
que rápidas huyen de la luz del sol
entrante de golpe al izar las persianas
conducen al foco de la infestación.