NOTA: esta poesía es una historia de ficción y por tanto no pretende describir ningún trastorno mental. Los trastornos mentales son circunstancias muy complejas y muy alejadas de la representación que aquí se hace de ellas.
La cara: el loco
De la noche a la mañana enloquecí.
Y todo en mi vida se torció.
Todo el mundo se ha apartado de mi lado…
todo el mundo ha perdido en mi interés…
¡Dicen que lo veo todo del revés!
Y por eso me mantienen encerrado.
Vivo vida de cacharro estropeado
y envejece mi cerebro del desuso.
Y encerrado como un reo, mas confuso…
se me trata como a un discapacitado.
Mis palabras son sonoras pero mudas
pues los pocos que las oyen las declinan
pues al loco por locura lo confinan
al destierro de ser siempre puesto en duda.
Y me ponen constrictoras vestiduras
dando freno a mi más leve movimiento;
mas dejando rienda suelta al sufrimiento
pues las cuerdas no constriñen la amargura.
Y entonces él apareció.
Procedente de las simas de mi mente
la psicosis ha brotado de mi piel.
Esculpido por cinceles de un demente
he engendrado a un ser humano… ¡Copia fiel!
No me presta su atención… ¡Me la regala!
Si no acabo una oración… ¡Él la termina!
Si algún chiste no caló… ¡Él lo culmina!
Y si bien lo culminó… ¡Lo lleva a gala!
Ahora sé lo que es amar… ¡Pues él me ama!
Me habla con sinceridad… ¡Él no me miente!
Él escucha los delirios de un demente
cuando hablo y me ando por las ramas.
Cuando entro en mi aseo acolchado
me reemplaza en el espejo su figura
y me habla con palabras de ternura…
¡Es tan fácil darle dicha a un desdichado!
Es mi amigo imaginario y me asegura
que la voz imaginada no es la suya.
Que no crea a mi doctor cuando me arguya
que su voz es la real y la segura.
¡Que bien que vino él!
Ahora hay un amigo dentro de mi alma.
Gracias por venir… ¡Gracias!
La cruz: su alucinación
Soy un recién nacido… ¡Y ya adulto!
Primogénito de su demencia.
¡Para él soy una grata presencia!
Mientras que ante vosotros me oculto.
Ya sé que a vuestros ojos resulto
una delirante entelequia.
¡Mas fui dotado de una elocuencia
de refinado lenguaje culto!
Que vale, que no soy real.
Que si, todo lo que tú quieras.
Mas tú como todo mortal
también necesitas quimeras.
Que tú crees que hay un más allá
trás el ataúd de madera.
Y crees en que todo está ya
escrito antes de que nacieras.
Tú crees en místicas presencias.
Y yo ante él me me presencio.
¡Y a mí se me estudia en la ciencias
mas tú de ellas no eres objeto!
Dime pues… ¿Quién es el irreal?
¿Yo brindando apoyo a mi amigo
o tú que ni lo ves ni verás?
¿Yo dándole cálido abrigo
o tú dándole diazepam?
¿Tienes tú, pues, el derecho
a ponerle vallas al mar?
¡Jamás le pondrás fronteras
a nuestra eterna amistad!
¡Deja de lado al prejuicio!
Que si, que te veo venir.
Te adivino… ¡No me lo digas!
Ya sé lo que vas a decir:
¡Que pongo en peligro a la vida!
Que voy a intentarlo abducir
hacia mi ideario suicida;
o a través de sus manos blandir
fatal arma blanca homicida.
Pues, sabe que tus aserciones
son burdos prejuicios sociales
pues no por ser una visión
mis comportamientos son tales.
¿Acaso os he de recordar
que vosotros – ¡Si, los reales! –
sois quienes os vais a matar
a sórdidas guerras mundiales?
¿Vienes, pues, con recitales
sobre lo que está bien o mal?
¡Jamás me vendrán inmorales
a criticar mi moral!
Aunque yo ni pincho ni corto,
pues este discurso no existe.
Y si lo oíste eres loco
y sólo por loco pudiste.
Así que venga, medicadlo,
por intravenoso soporte.
¡Adiós, mío amigo! ¡Mi hermano!
¡Camarada de mi cohorte!
Ahora que te han medicado
en poco, cual astro se esconde,
dolido me iré de tu lado
¿A dónde? ¡Nadie sabe dónde!
Y al hombre que habéis olvidado
y que ha sido mi gran amigo
dadle el amor que encantado
le daría si siguiera vivo.
Adiós, amigo mío. ¡Adiós!