La cara: el culpable
Y es que debía de optar
de entre todas las opciones
que tuve que sopesar
la que más me hizo ganar
pese a sus lamentaciones.
¡Yo tengo la prioridad
frente al derecho a la vida!
No lo maté por maldad,
pero dinero y piedad
juntas no tienen cabida.
Luciendo mi cognición
su máxima habilidad…
¡Por la desesperación
se exime a cualquier acción
de la culpabilidad!
Sé que causé sufrimiento
y destrocé a una familia.
Aunque yo no me arrepiento
puedo aportar un ‘lo siento’
si eso el dolor les alivia.
En calidad de acusado
en el banquillo me siento.
No me hallo conmocionado.
¡Es mi corazón helado!
Mi corazón de cemento.
Con su mirar me fustigan
en profesión de su odio.
Y por más que me maldigan
me dará igual qué me digan.
¡Mas no he de alzarme en un podio!
Con la mirada hacia arriba
y de dignidad henchido
aceptaré la diatriba
con la cabeza altiva
y me daré por vencido,
pues empecé una partida
¡Y ahora es el turno del juez!
Yo le hice mate a una vida
y él a la mía bandida
dio jaque en este ajedrez.
La cruz: el inocente
El mundo en su convicción
se cree que soy asesino.
¡Por sólo la acusación
ya no se atiende a razón
y se me juzga mezquino!
¿Cómo me pueden juzgar
antes de que lo haga el juez?
¡Es la sentencia a dictar
lo que debiera primar
sobrepasando al ‘tal vez’!
Todas las pruebas del caso
parecen hablar de mí…
¡No será mío el fracaso
si me culparan acaso
por lo que no cometí!
Y si dan ya por seguro
que soy un vil criminal…
¿Qué clase de ser oscuro
estudia leyes tan duro
para abogar por el mal?
En calidad de acusado
en el banquillo me siento.
Un cubilete y un dado
que agitará mi letrado
es todo lo que argumento.
¿Y cómo he de defender
la blanca inocencia mía?
Ya nadie puede volver
a lo anterior para ver
que es lo que hacía aquel día.
Hasta el amor maternal
que trasciende a toda suerte
de manifiestos del mal
no sigue incondicional
si el hijo ha sembrado muerte.
Y si me hallaran culpable…
¡La muerte preferiría!
Puesto que he sido loable
y sufriré cuando se hable
de mi persona mentiras.