Dicotomía del liderazgo

La cara: el jefe

Yo por mi autoridad tengo derecho
a ser el que dirige a mis secuaces;
prefiero a los que son poco tenaces
que a aquellos que me sacarán el pecho.

Si yo empiezo la casa por el techo
no acepto opiniones de sagaces;
les digo ‘tú no piensas, tú lo haces’;
con eso su trabajo doy por hecho.

Yo soy quien elabora los mandatos
así como el que toma decisiones
y nadie jamás calza mis zapatos.

Si veo contra mí que hay pretensiones
se quedan solamente en conatos:
prescindo del que tiene ambiciones.

La cruz: el líder

Trabajo con mi equipo codo a codo;
y siempre codo a codo hemos triunfado.
Ni yo ni nadie líder me ha nombrado
mas ven en mí la guía de algún modo.

No quiero ser el que controla todo
mas si tenerlo todo controlado;
sin miedo a delegar a un delegado
o a ser el delegado otro periodo.

Asumo que el poder ejecutivo
depende del diálogo y consenso
y no de los deseos de un altivo.

Y nunca a nadie impongo lo que pienso.
Se impone por si solo lo atractivo
y no lo que se dice en tono intenso.

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