Dicotomía del mundo

La cara: el mundo físico

¡Qué mundo tan colorido
y digno de conocer!

Desde los bosques tupidos
al sol de un atardecer
a acantilados tullidos
por tantas olas romper.

Desde rurales mugidos
de una bucólica res
a los urbanos pitidos
causados por el estrés.

Desde los montes vencidos
con crampones y piolet
hasta los fondos hundidos
del mar que nadie va a ver.

Desde los hielos fundidos
que hacen al agua caer
hasta el desierto extendido
por el país de la sed.

Desde el fractal contenido
en la apariencia de un ser
al mismo en sí repetido
cuando te internas en él.

¡Qué mundo tan adornado!
¡Un mundo espectacular!

Desde los cielos ornados
por una manta estelar
a sus reflejos bordados
sobre la calma del mar.

Desde los vientos brisados
que hacen al agua ondear
hasta huracanes rizados
en destructiva espiral.

Desde los lirios morados
que dan su flor a libar
a otros ya marchitados
de tanto tiempo pasar.

De minerales formados
por transparente cristal
a burdos cantos rodados
sin apariencia especial.

Desde colores captados
por nuestro campo visual
a los que son ignorados
fuera del rango espectral.

La cara: el mundo social

A veces equitativo;
mas otras tantas cruel.

Desde ilustrados nacidos
para la siembra del bien
a dictadores altivos
que rinden culto a su ser.

Desde el que da donativos
sin que se sepa quien es
a quien los da por motivos
de imagen y limpidez.

Desde el mullido gatito
cuidado hasta su vejez
a cazadores furtivos
que matan por una piel.

Desde el recuerdo bonito
de una inocente niñez
al corazón afligido
de otra que no lo fue.

Desde el calor y el abrigo
de una caricia en tu tez
al olvidado mendigo
jamás querido tal vez.

Un mundo a veces moral
y otras de depravación.

Desde quien ha obrado mal
y se le aplica sanción
hasta quien ha obrado igual
y se le aplica perdón.

Desde el formal funeral
tras lóbrega defunción
hasta las fosas con cal
tras sórdida ejecución.

Desde el sentido vital
que aporta una vocación
al vacío existencial
de quien no encuentra pasión.

Desde el gemido carnal
de cuando se hace el amor
al alarido infernal
de gélida violación.

Desde una idea genial
carente de aceptación
hasta otra idea banal
que goza de aprobación.

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