Menudos monstruos las emociones
venidas para turbar
la bella estabilidad
con tan macabras oscilaciones.
¿Es que existe el afecto neutral?
¡Afecto sin afecciones!
Sentirte ni bien ni mal.
Sin alegrías y sin dolores.
Son traicioneras e impredecibles:
se ciernen desde el pasado
al recordar lo olvidado
provocando un dolor invisible.
También lo hacen por lo no llegado;
por miedo a lo imprevisible;
por miedo a tirar el dado
y que salga una opción que no existe.
La vergüenza de feroz estrépito
cuando irrumpe en el sintiente
es poco condescendiente
con el pobre sujeto decrépito.
¿Por qué determinar el presente
sólo con fallos pretéritos?
¡Sería más consistente
si también lo formarán los méritos!
Qué impío es el arrepentimiento
al irrumpir en tu ahora
y reflotar lo que otrora
hiciste con tu consentimiento.
Fue abierta la caja de Pandora
en ese aciago momento.
En esa maldita hora…
¡De irreversible acontecimiento!
Un patético ataque de celos
de sospechada traición
es burda enajenación
fruto de un enfermizo recelo.
¡Que hable la mente y no el corazón!
Lo visto a través del velo
del monstruo de la emoción
jamás debe valer de modelo.
La tristeza en su forma más sórdida
es ahora tu soberana.
¡Raudos caudales emanan
de tus cuencas oculares mórbidas!
Que crudeza una vida tan plana
con emociones tan hórridas
cuando pierdes y no ganas
lo que anhelas de forma tan tórrida.
Así de crudos son los afectos
sacándote de tu quicio.
¿Acaso dan beneficio?
¡Más bien son los peores defectos!
Son la caída en un precipicio;
son enemigos siniestros.
Son el final de un principio.
Son principios de un vil sufrimiento.