Me gusta inventar bromas;
dotarlas muy de gracia.
Con falsa democracia
contarlas por doquier.
Me gusta que mis voces
alcancen al gentío y
lo lleven al hastío
sin tal mal merecer.
Disfruto la sonrisa
de la persona incauta
que me sigue la pauta
contando un menester.
Y siento pletoría
al verlo mudo e ido
guardando un alarido
que intenta contener.
Me nutro de las almas
que escuchan a la mía:
absorbo su energía.
A cambio inyecto hiel.
Y cuando están exhaustas,
carentes de alimento,
doy fin a su tormento
chupando de otra piel.
Me excita dar mensajes
de ingenio muy agudo
con contenido crudo
plasmado con humor.
Y me siento jocoso
cuando clamor y asco
se mezclan en su chasco.
¡Es para mi un honor!
Me gusta y me complace
tener cara de infante
tapando por delante
mi oscuro corazón
que me bombea bilis
latiendo con ahínco
cuando te causa un brinco
mi sórdida dicción.
Disfruto cuando algo
que no tiene sentido
lo torno en divertido
a mi modo de ver.
Y se me eleva el alma
cuando es desagradable
y piden que no hable.
¡Así me hacen crecer!
De gusto me retuerzo
cuando digo sarcasmos
riendo con espasmos
de enfermedad mental.
Y en el suelo reptando
me miran con desprecio.
¡Con gusto pago el precio
de la exclusión social!