Soy el olvido y no existo,
pues solo existe mi nombre.
No hay nada a lo que no ensombre
porque no vuelva a brillar.
No te me muestres esquivo:
soy confluir de caminos;
y tengo otro nombre: Destino…
¡Nada me puede evitar!
Demócrata pero impío
yo no distingo entre clases;
libros sin ninguna frase
donde el mendigo y el Zar
dan cuerpo al seno vacío
de mis eternos anales
donde no existen finales
ni nada va a comenzar.
Desguace de sentimientos
que ya no son requeridos
porque tus seres queridos
ya no son seres quizás;
reduzco a término neutro
todo lo intenso que antaño
sufre el mortífero daño
de no volver nunca atrás.
Yo soy el ente que olvida;
todos a mi me recuerdan
y todos ellos concuerdan
en mi cual causa fatal
subyacente a la tristura
de quien perece por dentro.
¡Ay que infernal desencuentro
con el encuentro mortal!
Yo no soy bueno ni malo.
Yo no soy justo ni injusto.
Y sin disgusto ni gusto
hago a lo sido no ser.
Desoigo lloros que imploran
y sin piedad los declino;
entierro a lo que devino
sin gozo ni padecer.
Tus rasgos más singulares
que siempre te han definido
así como vienen…¡Se han ido!
¡Nadie los recordará!
Nadie reemerge del nicho
donde coronas de flores
aflojarán sus colores
para no volver jamás.