Canción del político

Me fluyen las palabras
vierto de versos ríos
de mensajes baldíos
que gustas de escuchar,
que aunque no digan nada
embriagan tus oídos
que ya están entendidos
­solo por su rimar.

Sin dar lo que prometo
doy por doquier promesas.
Yo soy Judas. ¡Tu besas!
Vota en acto de fe.
Se abstienen quienes callan
que otorgan con silencio
su voz a quien fue electo
ni sabiendo quien es.

Erijo entramados
de métrica tejidos
carentes de sentidos
de alguna utilidad
que se muestran esbeltos
ante otras construcciones
que aportan mil razones
sin musicalidad.

Diseño mi discurso
para invocar tu sesgo
y allí donde no hay riesgo
el miedo hacerte ver.
Mas no temas, yo tengo
para ti las respuestas.
Tu engrosa mis encuestas
¡Te voy a proteger!

La masa adormecida
se nutre de falacias
propias de mentes rancias
de plana lucidez
y ya se oyen palmadas
de versos aplaudidos
solo por sus sonidos.
¡Así es la estupidez!

Y yo no digo nada,
y a nada que lo digo
se amiga al enemigo
por mi bonita tez.
Y una frase bonita
hace la vez de cebo.
¡Ni un dedo yo lo muevo
y ya ha picado un pez!

Mi ego de Narciso
se crece cuando menguas.
Cuando hablo callan lenguas
que calla mi altivez.
Me follo a los espejos.
Me leo mis escritos.
Si me miras me miro
en tu iris, no a tu tez.

Y yo devuelvo al pueblo
bonanza que era suya;
me quedo yo la hulla;
la turba yo les doy.
Y me ven bondadoso
por darles su fortuna
(de mil partes, doy una)
¡Oh, qué justo que soy!

Espinas sin la rosa
más de rosa vestidas
se te clavan y hendidas
no habrán de florecer.
Es siembra sin semilla.
Es caballo de Troya.
Es vacío que arrolla.
Aportar sin tener.