Temido por los vencidos
que se agotaron odiándome
yo soy un hombre sencillo
que se vengo no vengándose.
Les privo de mi venganza
porque lo que hoy causa males
para mañana es labranza
de amargas cargas morales.
Primero enseño los dientes
para que en mi nombre avisen
de qué pasa a quienes pisen
mis derechos inherentes;
y los que no son valientes
en silencio me profesan
todo lo que no me expresan
cuando me tienen de frente
y es así que sutilmente
en odio me lo regresan.
No soy un hombre violento,
yo soy un hombre de paz:
a quien me odia lo consiento
y lo someto al tormento
de su tiempo malgastar,
así que…
¡Caigan rayos,
suenen truenos
en mi seno
por su odiar
yo a caballo
y en silencio
hago estruendo al
ni mirar!
Me hacen jaques que no matan
doy les mate al me jactar
de como mi norma acatan
cuando en vano a mi me tratan
de acercar a su lugar.
Y se enferman
cuando asumen
que no pueden
enfrentar
a quien calla a
tal volumen
que se le oye
retumbar.
Pese al odio que me ofrecen
les ofrezco mi bondad
y aunque males mil merecen
de estertores se retuercen
cuando ejerzo mi humildad.
Y revientan
sus quijadas
por el fuerte
presionar
ante un odio
que sin nada
lo pueden
canalizar.
¿Acaso seré yo bueno
cuando lo soy por maldad?
Les hablo en tono sereno
con mi sentir más obsceno,
sin compasión ni piedad.
Y se agravian
de escucharme
mis discursos
sobre paz
y desean
retirarme
de este mundo,
de su faz.
Y me hicieron importante
sin darme yo a mi importancia;
y es que sin miradas ante
una gema de diamante
diamante es, sin relevancia.
Y se ajustan
a dictados
cuando dicto
sin dictar
y degustan
bien agriados
mis edictos
de humildad.
Yo poseo muchas vidas:
la mía vivo sincero
mientras tanto almas bandidas
bailan mis aguas movidas
y viven como yo quiero.
Y recorren
mis caminos
sin saber a
dónde van
y se encogen
compungidos
porque acaba en
la humildad.
Se sienten fuertes personas
porque ellos juegan al juego
de dar odio por que luego
las personas respondonas
entren dentro de sus zonas;
pero cuando no reciben
lo mismo que ellos exhiben
se cuestionan a si mismos,
y desmontan sus cinismos
y la forma en la que viven.
Os digo, almas de envidia rotas
que envidiáis a la integridad:
lo íntegro entero se queda;
lo roto… ¡Pues ya roto está!