Mal viaje

De cielo cerniéronse sombras
en el imperio del miedo
sobre un decrépito reo
de una siniestra prisión
donde el encéfalo es celda;
verdugo es el pensamiento;
y es cognitivo el tormento.
¡Es la desesperación!

La duda de si esa locura
sería hasta el fin de mis tiempos
se adueñó de mis sentimientos
cuando esperanza y desesperación
libraban feroz batalla
por el control de mis pensamientos
¡O mantener el conocimiento
o presidiario en la sinrazón!

Cuando en mi ojo vertí aquella gota
mi desventura en locura devino.
¡Desgarrado alarido porcino
en San Martín de quien loco quedó!
Y al sentirme observado con sorna,
y al espectar mi pensamiento mancillo
cual lincántropo estallaba en aullidos
implorando el volver de mi yo.

Banales intentos de fuga;
tentativas de escape frustradas
al tener enclaustrada mi alma
en la cárcel de mi alucinación
compartiendo celda con basura
que fue por mi mente imaginada
y que sórdidamente asociada
inestable estructura erigió.

Patética situación ecuestre
donde el jinete va a la deriva
sobre monturas de bestia equina
cabalgando sin orientación;
era el impío presente
de una persona que un día
no valoró que vivía
libre de mental turbación.

Y bellos recuerdo pasados
venían a mi, e impotente
yo añoraba el discurso elocuente
que ya no era mi condición.
Mas ya mis súplicas y plegarias
de acongojado terror y agonía,
inútiles y desoídas
tornábanse en frustración.
Tarde era ya para ruegos;
tarde era ya para súplicas;
y para desrubricar rúbricas
firmadas ya sin reversión.