Ya se que es harto arrogante
tan siquiera pretender
que en el pasar de los años
mi lirismo ocupe escaños
en el placer del leer;
más quisiera asegurarme
de que no me reasignen
los colores de algún bando
burdamente elucubrando
que mis letras lo consignen.
Se que ocurre con frecuencia
que cuando un poeta muere
se le ofrecen alabanzas
y se dicen mil bonanzas
aunque nadie lo leyere
y si es bueno reivindican
radicales movimientos
todas sus metas logradas
para hacerlas consagradas
a un sistema de argumentos.
Por eso en salud me curo
porque ya lo hice en espanto
pues valoran a un artista
en función de cuánto asista
a una idea en tanto en cuanto
no es la idea lo que cuenta
sino que es la ideología
la que da al artista el arte
y no su propio estandarte
en su cabeza baldía.
Pues a este respecto aviso
no reinterpretéis mi lira
bajo el prisma del delirio
colectivo que cual vidrio
distorsione lo que mira
la mirada del momento
con un nuevo fanatismo
que al no tener argumento
se rapiña otro portento
alejándolo del mismo.
A las mentes radicales
y obstinadas del futuro
para vuestra causa errada
esta puerta está cerrada
no hallaréis en mí conjuro
para apoyar vuestras guerras
con mis textos de un pasado
que difiere en todo aspecto
del aplicable al respecto
para el tiempo que os es dado.