Segundo soneto del determinismo

No creo que controle lo que digo;
ensueño que controlo lo que hago;
parece que así todo lo sufrago
con el ejecutivo, o sea conmigo.

Pero cuantos más argumentos ligo
más rápido se me vacía el lago
del libre albedrío al que hace estrago
las conclusiones que arduo investigo.

Yo disfruto de ser observador
sabiendo que no tengo voluntad
consciente de ser un ordenador.

¿Por que hemos de rehusar de la Verdad
¡El hombre quiere ser controlador
más debe de abrazar la realidad!